el azúcar

¿Tan malo es el azúcar? ¿Tengo que dejar de comerlo? ¿Por que se habla tanto ahora, si hasta hace cuatro días sólo los abuelos (y su mítica sacarina) y las personas diabéticas evitaban el azúcar? ¡Sigue leyendo, y te responderemos a estas y a otras muchas preguntas!

 

¿Qué es exactamente el azúcar?

El azúcar blanco es, en realidad, sacarosa, que no es más que uno de los miles de hidratos de carbono que existen. En concreto se trata de un disacárido, es decir, son dos glúcidos simples, la glucosa y la fructosa, unidos de tal forma que crean un glúcido más grande y más complejo.

 

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Esta unión, por si sola, no es para nada artificial, ya que la encontramos en la mayoría de plantas del planeta y, en especial, en la caña, de dónde se suele extraer para fabricar y vender el azúcar blanco

El azúcar blanco

El azúcar blanco es el más común de todos, y resulta casi imposible no encontrarnos con él a diario. Se trata de la sacarosa extraída de la caña de la azúcar o la remolacha (principalmente, aunque también se puede extraer de otras plantas como el arce azucarero), y posteriormente refinada.

El que tenemos en casa es el azúcar más refinado de todos, ya que los cristales son reducidos hasta parecer polvo. Lo encontramos también en todos los alimentos preparados o envasados (¡desde pizzas, salsas o pan de molde hasta en embutidos!), y es por este mismo motivo que, al final del día, tendemos a consumirlo en cantidades muy superiores a lo que los nutricionistas nos recomiendan para el correcto funcionamiento de nuestro cuerpo.

El azúcar refinado es el que más riesgos para nuestra salud nos supone, y el que trataremos de evitar –o, por lo menos, reducir tanto como podamos su consumo.

 

¿Cuáles son los problemas de consumir tanto azúcar?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja no consumir más de 25 gramos de azúcar al día. Eso equivale a doce cucharadillas de azúcar.  Pero, atención, la media de azúcar que consumimos es cuatro veces superior. Es decir, por media, comemos hasta 48 cucharadillas de azúcar a diario. Y eso que nuestro organismo no necesita para nada azúcar refinado para sobrevivir.

El azúcar viaja casi directamente al hígado, el órgano encargado de procesar y eliminar las toxinas. A lo largo de este proceso, además de metabolizar el azúcar para producir energía (aunque sólo una cantidad pequeña), se producen grasas de hasta tres formas distintas.

Así pues, esta sobreproducción de tejidos de grasa en nuestro cuerpo es lo que hace del azúcar blanco uno de los enemigos principales de las dietas. Si comparamos dos dietas con el mismo aporte de calorías (y suponemos que en ambos casos el ejercicio realizado es exactamente el mismo), la que contenga más azúcar refinado acabará generando más grasa corporal.

Esa es la razón principal por la que el consumo de azúcar blanco añadido es uno de los principales causantes de la obesidad (incluida, también, la obesidad infantil) y la diabetes en todo occidente.

 

¿Hay alguna alternativa al azúcar?

Hay muchísimas alternativas al azúcar, incluidas muchas opciones naturales y mucho más saludables. Si quieres aprender cuáles, ¡descárgate el ebook completo y descúbrelo por ti mismo!

 

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