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Todos los runners conocen esa sensación de frustración de no llegar a correr la distancia que se ha marcado para el día. Ese momento en que el cuerpo simplemente dice “basta, hasta aquí llego”, aunque que tu creas que podrías y deberías correr más kilómetros.

En realidad, lo más probable es que tu cuerpo de runner en realidad sí pueda correr esa distancia y unos cuantos kilómetros más, pero hay una cosa que lo impide: ¡vas demasiado rápido! La solución es tan sencilla como rebajar un poco el ritmo y asegurarte que llevas el equipo adecuado. Sólo con estos dos consejos en mente podrás logar e incluso superar tus metas runner.

Ser runner no es sinónimo de velocidad

Cuando vas demasiado rápido, no le estás dando tiempo a tu cuerpo a respirar. Aunque tu creas que puedes ir a ese ritmo rápido, la realidad es que el ejercicio que estás realizando lleve a tu corazón a los 150 pulsaciones (depende de nuestra experiencia, este número variará, claro está), entrando así en los dominios del ejercicio anaeróbico.

En este estado, tus músculos no van a recibir suficiente oxígeno, y el ritmo en que consumen energía será mucho mayor al de recuperación. Por eso te quedas sin aliento al cabo de un rato, porque el aire de tus pulmones no llega a los músculos que realizan el esfuerzo físico.

En cambio, si reduces el ritmo aunque sea tan sólo un poco, vas a notar una gran diferencia. No sólo vas a poder correr durante mucho más tiempo, sino que además vas a aprovechar mucho más el entrenamiento —¡incluso si estás entrenando para pruebas de velocidad! Porque, tanto si eres más runner de velocidad que de resistencia, lo más importante es la cantidad de tiempo que pases corriendo. Mientras dura el ejercicio tu cuerpo va a desarrollar más glóbulos rojos y va a dilatar más tus capilares. En definitiva, más capacidad de aguante que luego, el día que tengas que poner a prueba tu velocidad, va a ser lo que te permitirá correr más rápido durante más tiempo.

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¿Cuál es la mejor equipación para los runners?

El equipamento más importante será, obviamente, el calzado. La mayoría de los runners son muy fieles a una marca porque, después de probar varias zapatillas encuentran el par perfecto. El problema que esto supone es que, a no ser que compramos siempre el mismo modelo exacto, los moldes con los que fabrican las plantillas serán completamente distintas para cada par, aunque repitamos la marca.

Incluso en el caso que siempre uses exactamente el mismo modelo de zapatillas y a pesar que le tengas mucha confianza, te estarás haciendo un flaco favor. Porque, si bien las plantillas no han cambiado, tu sí lo has hecho. Los factores para decidir la mejor opción para tus pies son múltiples (forma de los pies, pero también peso, fuerza, forma física, posturas etc.), y de bien seguro que al menos uno de ellos habrá cambiado cuando vuelvas a comprarte un calzado nuevo.
Entonces, ¿cuál es la solución? Tan fácil como ir cambiando a menudo y, a poder ser, comprar más de un par a la vez, pero siempre y cuando nos sintamos cómodos y sin molestias. Así, no sólo iremos probando y “actualizando” el confort de nuestros pies de runner, sino que además cada par de zapatillas distinto nos hará interaccionar con el suelo de forma distinta, y eso significa estimular músculos que de otra forma quedarían inactivos y no se beneficiarían de nuestras carreras.

¿Te han sido útiles estos consejos? ¿Has mejorado tu rendimiento después de aflojar una marcha? ¡Cuéntanos tu experiencia!

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