mitologia japonesa

La mitología japonesa cuenta con más de 2000 años de historia y centenares de divinidades. Tal y como la podemos conocer hoy, se formó partir de una base autóctona, el sintoísmo, y la llegada del budismo a Japón.

 

Los fundamentos de la mitología japonesa

La mayoría de los mitos japoneses tratan, como no podía ser de otra manera, de la creación del mundo y de la aparición de las islas de Japón. Historias sobre dioses (llamados kami), humanos con poderes sobrenaturales, animales, criaturas mágicas y espíritus que albergan en rincones legendarios del archipiélago japonés.

Durante siglos, estas historias de la mitología japonesa se transmitieron de forma oral, hasta que en el año 712 , la corte imperial las recopiló por escrito en el libro Kojiki. Pocos años después, en el 720, se creaba la primera genealogía de los dioses, que servía para “demostrar” la ascendencia divina de la familia imperial, que descendería directamente de la diosa Amaterasu.

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Amaterasu, la divinidad del sol

Viniendo del país del sol naciente, es evidente que una de las diosas más veneradas sea Amaterasu, la divinidad del sol y de la fertilidad. Su mitología se ocupa de la creación de la luz en el mundo y de los elementos, tales como el fuego.  Se dice que cuando se adentró en una cueva para ocultarse, el mundo se sumió en la oscuridad y en el caos, y no fue hasta que volvió a salir que la vida en el mundo volvió a la normalidad.

Según la mitología, Amaterasu mandó a su nieto, Ninigi no Mikoto, a vivir en la tierra, dónde reinó en la isla de Japón y tuvo un hijo con la diosa del Monte Fuji. Uno de los descendientes de este enlace, Jimu Tenno, fue el que inició la dinastía imperial.

 

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Izanagi i Izanami, los dioses de la creación

Pero antes de la llegada de Amaterasu, Izanagi i su hermana Izanami crearon las islas de Japón y al resto de las divinidades iniciales. Izanami murió (o, más bien, se mudó al inframundo, ya que los dioses son immortales) al quemarse mientras daba a luz a la divinidad del fuego, Kagutsuchi. Izanagi fue a rescatarla, pero las cosas no salieron como el esperaba, y Izanami rechazó su ayuda y lo expulsó.

Al salir del inframundo, Izanagi se dio un baño para purificarse, y fue entonces cuando surgieron sus tres “hijos”. Amaterasu salió de su ojo izquierdo, y, junto a el, salieron Tsukiyomi del ojo derecho y Susanoo de su nariz, y el mundo fue repartido entre los tres. Amaterasu se quedó el control del sol y los cielos, mientras que Susanoo se convirtió en el dios de los océanos y las tormentas y Tsukiyomi en el del reino de la noche.

 

Cuando la realidad supera la mitología: el perro Hachiko

Sin embargo, una de las historias más míticas y emblemáticas de Japón no proviene de las narraciones sobre divinidades, sino que tiene un origen muy real: el perro Hachiko.

La historia de Hachiko, popularizada en todo el mundo por Hollywood y por Richard Gere, supera toda ficción. El y su amo, Eizaburo Ueno, eran inseparables, hasta el punto que le acompañaba hasta la estación de Shibuya, donde cogía el tren para ir a trabajar. Allí mismo le esperaba hasta que volvía por la tarde.

Hasta que, un día trágico, Eizaburo murió en el trabajo y no volvió jamás. Sin embargo, Hachiko siguió esperándole fielmente cada día en la estación, hasta el día su propia muerte. Esta increíble historia conmovió el país entero, y por eso hoy encontramos la estatua de Hachiko en la estación de Shibuya.

 

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