Dieta del té verde

De sobras conocemos las propiedades del té verde, muy beneficiosas para nuestro organismo. También conocemos múltiples dietas que nos ayudan a quemar grasas, perder peso y sentirnos mejor con nosotros mismos. Por eso hoy vamos a incorporar esta maravillosa bebida a nuestro día a día para disfrutar con la dieta del té verde a la vez que ayudamos a nuestro cuerpo a mejorar.

 

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La dieta del té verde

Una de las virtudes principales del té verde es que, además de promover la quema de grasas, ayuda a saciarnos más rápidamente. Es, a la vez, el mejor sustituto posible para todas las bebidas azucaradas que nos llenan de calorías sin darnos cuenta. Así pues, por ejemplo, podemos cambiarlo por el café con leche de la mañana, y tomar una taza de té verde en ayunas nada más despertarnos y antes de desayunar, al que podemos añadirle un poquito de zumo de limón. El desayuno ideal, por cierto, será un bowl al que le añadiremos avena.

Otra opción es a media mañana, acompañado de una pieza de fruta. Esta taza es de vital importancia por dos motivos. El primero, es que, junto con la fruta y gracias a la teanina, evitará que nos coja un bajón de energía y que nuestro cuerpo nos pida, desesperadamente, algo con azúcar añadido.

Y en segundo lugar, porque, si nos acostumbramos a tomar té verde en el trabajo (por ejemplo), lo estaremos incorporando a nuestras vidas. Eso quiere decir que beberemos té a lo largo del día, y por eso estaremos mejor hidratados y, además, aprovecharemos al máximo sus propiedades diuréticas y quema grasas. Una parte esencial de la dieta del té verde, sin duda.

 

La comida y cena ideales

Para seguir con buen ritmo el día y la dieta del té verde, para comer os proponemos evitar, de nuevo, los azúcares. Una buena comida consistiría en un plato completo de pescado (salmón al vapor, por ejemplo) o pollo (a la plancha) junto a una ensalada variada. A la ensalada le podemos añadir queso fresco o, mejor aún, queso vegetariano.

Es importante recordar que, si a lo largo del día, en algún momento, tienes hambre, siempre puedes (¡y debes!) comer fruta. Una manzana o una naranja, o un racimo de uvas, son la mejor fuente de energía inmediata que encontrarás. Además, te ayudarán a mantenerte al margen de las bollerías y demás bombas calóricas dulces.

Si eres de los que tiene mucha hambre para cenar (y parece que a tu estómago no le importa si ya has comido muy bien al mediodía), prueba a tomar una taza de té verde un cuarto de hora antes de comer. Esta taza cortará de raíz el pozo sin fondo de tu estómago, y con sólo una crema de verduras y un yogur te vas a saciar. Además, ¡una cena ligera hará que duermas mucho mejor!

 

¡Objetivo cumplido!

Si logras tomar al menos tres tazas de té al día, puedes darte por satisfecho: ¡has cumplido con el objetivo!

 

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